De sudores y otros infiernos – Gladys Dávalos

Crucé el jardín para salir a la calle, porque iré en bus al centro de la ciudad. Me sorprendieron las hojas mustias, pude percibirlas de lejos. Me acerqué para tocarlas, realmente tienen un aspecto casi marchito, algunas están amarillentas. El jardín está triste a pesar de que ciertas suculentas, parecen no estar afectadas.

Las que se encuentran en el borde de la vereda también están estropeadas y pude observar que las personas van apresuradas, se  las ve afligidas. En sus rostros se destacan sus labios enmarcados en forma curvada para arriba. Al tomar conciencia de lo que sucedía, escuché el llanto de un niño. De pie frente a mí sin verme, lloraba, emitiendo entre dientes y con rabia, sonidos roncos; asegurando que su helado se derretía rápido. Impactaba lo que sucedía.

Además, me llamó la atención el olor que subía de la arena seca, pues mi vecino lavaba su auto y el agua llegó hasta donde hace poco había un bello pastizal. Esto, con otros olores del ambiente, resultaba un olor acre. Algunas personas vestían poca ropa, a ciertas mujeres y también a hombres, parecía no importarles exhibir sus cuerpos.

Miré los escasos árboles buscando a algún pájaro y no logré verlo, pero finalmente sobre un cable pude ver a un pitogüe, que desapareció al instante. Unos perros andaban con las lenguas colgadas.

Al subirme en el colectivo percibí un tufo desagradable. Los pasajeros estaban serios, como si fuera que iban a combatir en algún conflicto. El vendedor de manzanas no vendió nada, es que su voz apenas se escuchaba, estaba sin fuerzas. También el chófer conducía con desgano.

 


 

Crucé el jardín para salir a la calle, porque iré en bus al centro de la ciudad. Me sorprendieron las hojas mustias, pude percibirlas de lejos. Me acerqué para tocarlas, realmente tienen un aspecto casi marchito, algunas están amarillentas. El jardín está triste a pesar de que ciertas suculentas,(coma innecesaria que separa el sujeto “ciertas suculentas” del verbo) parecen no estar afectadas.

Gladys, fíjate que aquí hay insistencia en lo mustio de las plantas, y finalmente la imagen se debilita; creo que bastaría con nombrar una vez esta apariencia, y me parece que ganaría la imagen si se nombra dicha apariencia al final de ese recorrido de la vista (casi como si se guiara los ojos del lector, en dirección a lo que es importante en esta imagen que es el color amarillento de las hojas). En este caso, podría ser así:

Crucé el jardín para salir a la calle, porque iré en bus al centro de la ciudad. Me sorprendieron las hojas, pude percibirlas de lejos. Me acerqué para tocarlas, algunas están amarillentas.

Las que se encuentran en el borde de la vereda también están estropeadas y pude observar que las personas van apresuradas, se  las ve afligidas. En sus rostros se destacan sus labios enmarcados en forma curvada para arriba. Al tomar conciencia de lo que sucedía, escuché el llanto de un niño. De pie frente a mí sin verme, lloraba, emitiendo entre dientes y con rabia, sonidos roncos; asegurando que su helado se derretía rápido. Impactaba lo que sucedía.

Además, me llamó la atención el olor que subía de la arena seca, pues mi vecino lavaba su auto y el agua llegó hasta donde hace poco(no hace mucho) había un bello pastizal. Esto, con otros olores del ambiente, resultaba un olor acre. Algunas personas vestían poca ropa, a ciertas mujeres y también a hombres,(coma innecesaria separando el sujeto “ciertas mujeres y también hombres” del verbo “parecía”) parecía no importarles exhibir sus cuerpos.

Miré los escasos árboles(árboles escasos) buscando a algún pájaro y no logré verlo(encontrarlo), pero(hasta que) finalmente sobre un cable pude ver a un pitogüe, que desapareció al instante. Unos perros andaban con las lenguas colgadas.

Al subirme en el(al) colectivo percibí un tufo desagradable. Los pasajeros estaban serios, como si fuera que iban a combatir en algún conflicto. El vendedor de manzanas no vendió nada,(dos puntos) es que su voz apenas se escuchaba, estaba sin fuerzas. También el chófer conducía con desgano.

 


 

Gladys,

Me parece que trabajaste bien la consigna: sin nombrar específicamente el calor, describís todo lo que es consecuencia del calor; y el calor se siente. Nombrás una variedad de imágenes sensoriales que van desde el olfato al tacto, pasando por el gusto y la audición, completando, por todos los flancos posibles, la atmósfera del calor.

Un detalle que me parece que se puede mejorar en el texto tiene que ver con los tiempos verbales. Fijate que comenzás en pretérito, pasás a futuro y luego a presente, y luego a pretérito imperfecto. Yo pasaría todo el texto a un solo tiempo y aquí te doy tres opciones:

  1. Pasarlo a pretérito perfecto simple: Es el tiempo con el que comienza tu texto. “Me acerqué”, “miré”, “me dirigí”, “caminé”, “corrió”, “salió”, etc. Esto da una sensación de acción terminada. Es como si contaras una anécdota.
  2. Presente simple: Da la sensación de que la acción está transcurriendo en el momento, y el lector se siente más espectador y partícipe.
  3. Pretérito imperfecto: Este tiempo no lo suelo recomendar porque es un tiempo tedioso. Pero, precisamente porque lo que se describe es de un tedio absoluto —como lo son nuestras siestas calurosas—, ¿qué pasaría si se contara el tedio en el tiempo más tedioso? ¿Se intensificaría? ¿Se debilitaría?

Quizás valga la pena experimentar y ver cómo resulta para una. Tratándose de un texto breve, no costaría mucho pasarlo a estos tres tiempos y ver qué pasa.

Damián Cabrera

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