Nací con viento norte – por Claudia Pistilli

Nací con viento norte. A mi mamá le dolían los huesos. Pero crecí por encima de la humedad y mirando la lluvia desde abajo, porque hay tres únicas maneras de mirar la lluvia: desde abajo con la cara pegada al piso, desde arriba con medio cuerpo fuera de la ventana y con los ojos cerrados y el cuello bien extendido. Con los años mis oídos también empezaron el ejercicio de ver la lluvia.

Las canaletas de chapa son las únicas adecuadas para escuchar el inicio. Las de plástico son mudas, pero son buenas para indicar al agua el trayecto hasta el balde en tiempos de sequía, pero no podrían diferenciar entre un chaparrón y un aguacero, y entonces ¿qué forma tendrían las madres, en esta parte del mundo, de saber si las cunetas se llenaron de agua? No podrían decir: Sí, vayan, a sus niños que esperan ansiosos meterse al agua con sus embarcaciones de papel.

Una vez, abrí la boca mientras tenía el cuello bien extendido, y me tragué una gota de 5,67 mm. ¿Que cómo puedo saber la dimensión de una gota?

Es algo sencillo, se la reconoce por el peso sobre la lengua, pero debe caer en el centro, de otro modo sería imposible. Esta habilidad solo se adquiere evitando las canaletas de plástico.

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One response to “Nací con viento norte – por Claudia Pistilli

  1. El detalle de la medida precisa de la gota es evocativo y lo extraño de lo familiar.

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