Como un perro andaluz – por Dea Maria

Una serpiente hizo correr a un caballo marrón. Primero sacudió la cola, elevó la pata trasera mostrando el casco izquierdo hacia un cielo de nubes cargadas. La cola se levantó de una, el resto del cuerpo se alzó. El caballo saltó y atravesó a la serpiente levantando pedregullo.

El paisaje quedó claro. Un camino entre montañas y pasto. Ningún animal.

Volví a soñar.

Entonces surgió la imagen de lo vivido:

Pies en tierra; al borde del malecón estaban un barco apostado a mi derecha y unos pescadores nocturnos al otro lado. Frente a mí, un mar en puerto de noche. Último cigarrillo cuando un pez oscuro y grande pasó nadando. Daba retorcijones bruscos, llevando un pez pequeño en la boca. Nadaba por debajo de la superficie del agua. Hizo fuerza con los dientes y el pequeño pez dorado miró al malecón. Después se perdieron en lo oscuro. El pez grande con el pez pequeño en la boca nadó mar adentro.

El sueño continuó.

Mi cuerpo en forma de caracol dormía frente a la ventana del tragaluz. No miraba desde lo alto de la habitación en el piso 3, sino desde el techo azul del edificio costero frente al Mediterráneo.

Silbido de fondo.

El viento soplaba. El sueño crecía. Entonces se escuchó:

– Soy un tonto en seguirte…

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