Uno mismo – por Deita

dea150 Anoche soñé conmigo. Y con más gente. Contigo también, seguro.

Soñé con gente real y con gente y lugares de ficción. Vivos, muertos, lugares de ayer, de nunca; y yo ahí mirando.

A veces hablábamos. Y nos entendíamos o no. Difícil socializar, más todavía en sueños.

Los lugares se sucedían. Aparecían con cada persona, como parte de la vestimenta de cada uno. Y se iban como su sombra.

Un hombre se presentaba con su camisa celeste y un fondo de desierto detrás de él. Otra mujer llegaba con la puerta de su casa abierta por detrás. Decía que siempre se cruzaba con la gente al salir. Su ropa era de otra época y la puerta abierta iba con ella a todas partes.

Cada cual venía en su lugar que era el contexto, la historia de quien se acercaba y me miraba. Sé que veían mi paisaje, mi contexto, mi historia. Yo sólo podía ver que me miraban. Entonces alguien preguntó:

– ¿y vos quién sos? –

Dije que miro desde detrás de unos vidrios, busco escribir con los ojos. Soy en gerundio y el paisaje que va con mi sombra es en bicicleta, de colores brillantes con mucho amarillo, mi boca y mis ojos en blanco. -“Tus cabellos estarían dibujados con tinta negra y formarían espirales en todas direcciones”-, dijo el del paisaje con balcón a la bahía. Entonces giré diciendo:

Mi voz me despertó. Voy abriendo los ojos: me defino mujer que mira, hace documentales, escribe cartas en video, nació en Paraguay y amanece en España.

Voy despertando. La claridad del día va llenando el espacio. Afuera podría ser Asunción, me digo. Los ojos saben que están en la habitación de la cama de cada noche. Hace nueve años afuera podría ser Asunción, mientras me voy quedando y voy despertando un día más sobre la calle Balmes, en Barcelona.

deamaria·deita·dei·d

Aunque todavía no me halle:

(…) Deseo escribir. (…) No puedo escribir hasta que encuentre mi ego. Yo sólo podría ser un tipo de escritor: el tipo del escritor que se expone. escribir es gastarse, es apostarse. Pero hasta ahora ni siquiera me gustaba el sonido de mi propio nombre. Para escribir, debo amar mi nombre. El escritor esta enamorado de sí mismo… y construye sus libros a partir de ese encuentro y de esa violencia.

de una selección de los diarios de Susan Sontag.

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